Alef no tiene rostro: Justicia para lxs “invisibles”.


Alef:

No tiene existencia, porque toda existencia es contínua. No tiene memoria, porque no tiene pasado. No tiene propósito, porque no tiene futuro.

Si alguien lo retiene, permanece retenido. Si alguien lo entierra, permanece enterrado. Si alguien retira sus obstáculos, es acción.

Abate la resistencia, aunque nunca rompe las resistencias. Alef=no tiene rostro.

                                                                            Alejandro Chao. Cantigas a la Kabbaláh

5 de mayo del 2014. Los lentes de la desolación -decesos, muerte, sangre, consternación e indignación- esas son las imágenes de quienes, desde la angustia, esperan ver nuevamente el rostro de la buenaventura descender del cielo y desean que el sol regrese de su viaje sin retorno. Un deseo de tener rostro, de buscar un rostro, de ser un rostro que calme la tormenta que se observa con desesperación, que retumba a los oídos por los mares agitados, y destruye lo que se atraviesa en sus vísperas. Sin embargo, de vez en cuando alguien nos enseña a ver detrás de la tempestad.

Cartel exigimos

¡Exigimos! Foto: Tania V.

Nos han hecho creer sólo en lo que podemos ver ( y algunxs quieren que veamos) y nos olvidamos de que también existe lo invisible y  quienes están bañados de esa invisibilidad. Invisibilidad inmutable que puede despertarnos de ese sueño profundo que hemos convertido en nuestro asidero permanente. Es en momentos como éste cuando debemos agradecer y rendir honor a quienes con su vida abrieron ojos, desataron manos, sacaron pies del fango, liberaron de la cautividad y opresión, fomentaron la comunión  e impulsaron a hacer posible lo imposible.

Mujeres y hombres como Alejandro Chao y Sara Rebolledo (entre muchxs más), enseñaron a hacer justicia, pero no desde la vía fácil (quizá lo que tú y yo haríamos buscando respuestas de un gobierno fatuo, ahogado en su propio estiércol) ¡No! ambos vivían en la paradoja de la vida en la muerte, de la abundancia en la pobreza, de lo visible en lo invisible, y caminaron por esa vereda tan estrecha e irreconocible.  Camino que compartieron con quienes -en su diario andar sobre un mundo que los exiliaba a la desolación- pudieron encontrarse sí mismos; de tal manera que lograron verse en su invisibilidad y contemplaron aquello que se les había dicho era imposible: esperanza.

Foto: Tania V.

Foto: Tania V.

Lxs “sin rostro” (mujeres/hombres, la hierba y lirios del campo, las aves del cielo, los montes y ríos) son precisamente quienes ‘podemos’ alegrarnos de ser invisibles. Porque ser invisibles no es una desgracia, por el contrario, nos identifica con el arquetipo mayor, arquetipo que se magnifíca en lo pequeño, descubriéndose como resistencia en el país de la desesperanza.

¡Hagamos justicia! Su tarea queda ahora como semilla de hortaliza que sorprenderá -lo creo- en un árbol de la plenitud y eternidad. Un árbol que, aún sin rostro, brota en los renuevos de su labor y memoria. Una memoria que queda ahora en el Alef.

Israel Galván Delgado.



8 mayo 2014, 1:06 | hizrael7



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