Amor de ciegxs


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Foto: S. Cruz

No hace mucho tiempo, penetrando a través del
portal de los sueños, visité aquella región de la
tierra donde se encuentra la famosa Ciudad de la Destrucción.
NATHANIEL HAWTHORNE

 

He perdido el toque, lo sé, pero no el oficio, vender el alma al diablo no es sólo no poder dormir tranquila, es saber que abonaste a que el silencio sea el arma que sigue asesinando, siempre creí en aquella premisa “ lo que no se nombra no existe”,  pero negarlo no desaparece, esa es la verdad. Morelos va perdiendo la batalla,  se están quedando ciegas las esquinas,  a los zaguanes se les acabó el amor,  los poetas ya no toman aire después de la media noche,  caminar, llegar o estar en casa, se ha vuelto un riesgo  y retumban en el cielo las estrategias de paz:

“Aquí, no pasa nada, están a la baja los secuestros, se trabaja por una modernización de la seguridad, se pondrán cámaras de vigilancia, se castigará rotundamente a gente armada, la seguridad es monopolio del gobierno, son crímenes menores, son crímenes atípicos, pasionales, colaterales, merecidos” como si colocar un adjetivo después de un verbo lo hiciera todo más ligero, y agregar el gran final “se investigará, hasta sus últimas consecuencias”

Morelos no es ningún ejemplo nacional, ni de reforma electoral, ni de una nueva visión por los pueblos de Tetlama, Amilcingo, tepoztlán. Vivimos en una mazmorra con tonos arcoiris, donde lxs ciudadanxs no son ciudadanxs son acarreadxs, donde las feministas no son feministas son mujeres resentidas, donde las mujeres y los niños de Amilcingo, son provocadores y no víctimas,  donde quienes cuestionan y/o desobedecen “No aman a morelos”, donde las/los reporteros no quieren informar, quieren chayote, dónde los líderes sólo quieren un hueso, total que somos un pueblo de descontentxs,  que nos quejamos por costumbre, que enterramos a nuestros vecinos y familiares, por no dejar,  como personajes de Saramago en la Caverna, desasosegados de nacimiento, como quienes meten el tiempo en una bolsa, esperando se madure más temprano,  y nos instalan redes de canalización para la ira, o para la fe, y todo parece estar suspendido, hasta que golpe, de nuevo, otra vez, otro muerto, en el quicio de su puerta asesinado a golpes de piedra. Y nos quedamos con la intermitencias de la muerte, “desorientadxs, confusxs, horrorizadxs, dominando a duras penas, las náuseas”

 

Morelos sólo se esta inundando de sus propios muertos,   huele a muerte el Zócalo, las avenidas, se escapa el hedor por las alcantarillas,  un lugar de colores que se tiñe de rojo, gente que camina con miedo, miedo que se abanica el calor con olvido, con impunidad, que se ríe  en nuestra cara, de los gritos y las marchas, porque nada cambiará,  porqué nos han mudado sin permiso al país de las últimas cosas, dónde, no importa cuanto corras, cuanto grites, no nos escucharán, si seguimos siendo las mismas voces, los mismo rostros llorando distintas muertes, con nuestro amor de ciegxs.

 

Miranda Buka

 



7 mayo 2014, 23:00 | Radio Chinelo



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