¡NI UN CRIMEN MÁS EN MORELOS!


La manifestación hoy realizada en Cuernavaca, en repudio por el asesinato del catedrático de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Chao Barona y de Sarah Rebolledo Rojas, su pareja, ambos mayores de 70 años, deja clara una vez más la indignación y la rabia de una sociedad profundamente herida y afectada por la violencia, la impunidad y la ausencia de respuestas y resultados positivos por parte de las autoridades en todos los niveles.

Sin embargo, esta misma marcha, conformada mayoritariamente por jóvenes estudiantes y por el cuerpo académico de dicha Institución, debiendo ser la mínima reacción provocada por el brutal asesinato a pedradas de dos personas mayores en su propia casa, su espacio más íntimo y supuestamente más seguro, pone de manifiesto que la cantidad de gente tomando los espacios públicos, las calles y las plazas, gritando consignas por la verdad, la justicia y la no violencia, suele ser directamente proporcional a la popularidad o el reconocimiento público de la persona agredida. Es decir, la pugna por el esclarecimiento de un caso delictivo o criminal en el estado y en el país, sigue siendo asunto de las personas más allegadas a las víctimas del momento; y la defensa de los Derechos Humanos, la labor cotidiana de las y los activistas sociales, sin que alcance todavía un impacto determinante en el grueso de la sociedad, siendo que en realidad, e indiscutiblemente en un contexto como el de la actualidad nacional, es toda la población la que se encuentra en un riesgo permanente e indiscriminado.

Y es que hablar de casi 20 mil personas, según cifras oficiales, caminando un aproximado de 10km bajo el sol de mayo en Cuernavaca (de la UAEM al Zócalo de la Ciudad), no es cualquier cosa, refiere una participación ciudadana importante y, sobre todo, un hartazgo cada día más generalizado e insostenible.

No obstante, y sin que esto pretenda desdeñar la inconmensurable pérdida de Alejandro Barona, se ha vuelto a concentrar la atención, casi por completo, en el compañero tan querido, respetado y reconocido en diversos ámbitos, especialmente dentro de la comunidad universitaria del estado, dejando un tanto a la sombra a la que lejos de ser simplemente ‘su esposa’, fue también una persona, una mujer con nombre, rostro e historia, que no debió morir, y que sin duda ha dejado un vacío igualmente irreparable para sus hijas, familiares y amistades, la señora Sarah Rebolledo.

Muy similar a lo ocurrido hace 3 años, aquel 6 de abril de 2011, en el que se gestaba el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, luego del asesinato del joven Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta Javier Sicilia, hecho que encendió la rabia y el dolor, inmediatamente de la comunidad artística, cultural e intelectual del estado, y luego a diversos sectores sociales, pocas veces reunidos en una causa común: el rechazo a la violencia y la lucha por su erradicación. Luego de marchas locales y nacionales, de un plantón afuera del Palacio de Gobierno, de caravanas prolongadas y de cientos de manifestaciones de solidaridad y acompañamiento para Javier, las demás víctimas y el movimiento, poco quedó en el imaginario colectivo de las otras seis muertes violentas que sucedieron junto con la de Juan Francisco: María del Socorro Estrada Hernández, Jaime Gabriel Alejo Cadena, Álvaro Jaime Abelar, Julio César Romero Jaime, Luis Antonio Romero Jaime y Jesús Chávez Vázquez, quienes fueron igualmente ultimadxs y encontradxs en la cajuela de un automóvil con signos de tortura.

Pero el caso Sicilia y ahora el caso Chao/Rebolledo, forma parte de una larga lista, más cualitativa que cuantitativa, una lista de dolores y heridas abiertas, y de investigaciones y resultados pendientes, una lista de víctimas de la violencia, que relacionada directamente o no, a la estrategia de guerra contra el narcotráfico declarada por el ex Presidente Felipe Calderón, ha dejado hogares, familias, comunidades y regiones enteras en situaciones de desesperanza e incertidumbre tan agudas que resulta sumamente complejo revertir la parálisis social.

Jethro Sánchez Sanatana, Ana Karen Huicochea Garduño, Yadira Dávila Martínez, Carlos Esteva Lazos, Carlos Popoca Méndez, Roberto Altamirano López, entre muchas otras personas cuyas vidas han sido arrebatadas brutal e impunemente; y Jessica Cerón Salinas y Viridiana Morales Rodríguez, entre varias decenas de personas desaparecidas en Morelos, han quedado parcial o totalmente sin voz propia, por lo que resulta urgente apelar a la memoria colectiva, a una lucha comprometida, frontal y permanente contra la amnesia y el silencio, con el fin de lograr en un futuro no tan lejano una verdadera reconstrucción del tejido social en condiciones de paz, justicia y dignidad, para todas las personas en el estado de Morelos.

POR TODOS ELLOS Y TODAS ELLAS: ¡VERDAD, MEMORIA Y JUSTICIA!

¡NI UN CRIMEN MÁS EN MORELOS!

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8 mayo 2014, 14:30 | Radio Chinelo



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